Esta era la situación de Jorge, que estaba junto con su familia y muchas otras en una estación del metro, planeando ya su exilio. Fue entonces cuando el tío de este, Pablo, se le ocurrió decir: "Qué ironías tiene la vida! Ahora la inmigración ha cambiado de dirección! Entonces como se llamaran los inmigrantes de aquí que vuelven a su país de origen? Ya veo que necesitamos otra palabra en nuestro vocabulario: desinmigración!". Los otros, por supuesto, no le encontraron la gracia. Fue un comentario nada apropiado para la situación. Es verdad, pero, que África, el continente que se volvió el símbolo de paz y libertad, se ha convertido en el principal sitio de acogida de refugiados.
Jorge empezó a dar vueltas a lo que dijo su tío. Pensaba que aún que no era tiempo de inventar nuevas palabras, lo que dijo tiene algo de verdad, o toda. Por un lado se destruían palabras, quedan sin significado. Palabras como compasión, paz, libertad, democracia... han perdido del todo su significado y pronto desaparecerán, ya que si no existe el significante de estas en la realidad no tiene sentido que continúen existiendo. Por otra parte, palabras como destrucción, odio, inhumanidad... han reforzado sus significantes y por falta de palabras en este campo léxico se han creado de nuevos para satisfacer las necesidades de la realidad. Jorge se tumbó sobre el suelo. Estaba agotado. Los ojos se le cerraban solos. Ya no podía más. Todo quedó en silencio…
El despertador. El ruido de ese maldito reloj se le clavaba en la cabeza. Tenia un dolor de cabeza terrible que le impedía pensar. Estaba a oscuras, aún tenía los ojos cerrados. Aún escuchaba el despertador. Se levantó y contempló durante unos minutos el reloj que continuaba sonando. Tardó unos minutos a cerrar-lo. Fue al baño y se lavó la cara. Que día era? Aún no sabía despertado del todo. Estaba aún medio dormido. Miró al calendario: 12 de mayo, lunes. Entonces fue cuando empezó a reaccionar. Faltaba solo una semana para terminar el bachillerato y hoy le tocaba un examen de historia. En acordarse de eso y de que era de la segunda guerra mundial, sonrió. “Claro! Era eso! La tercera guerra mundial! Vaya chorrada!". Se vistió rápido y fue a almorzar. Al entrar a la cocina se sorprendió en ver a su tío Pablo, que estaba sentado bebiéndose un te.
- Hola tío! Que haces tu por aquí?
- Quieres decir que ago AÚN aquí. No te acuerdas? Ayer me invitasteis a cenar, y como que al final se hizo tarde me quedé a dormir.
Jorge se quedó pensando un momento.
- Ah si! Perdona, es que ésta mañana me he levantado medio tonto.
Se preparó un baso de leche caliente y se comió el bocata que le preparó su madre antes de salir. Después abrió el libro de historia y hizo un último vistazo al tema, sobretodo la parte donde se explica las alianzas que se habían formado y se extrañó que no eran las mismas que el sueño y por un momento tuvo miedo de confundirlo a la hora del examen. Salió corriendo ya que se entretuvo pensando en esto y se le hizo tarde.
Primero le tocó Anglés y después historia. El examen al final le fue muy bien, pero muchas veces tubo que utilizar el corrector porque se confundía a la hora de escribir "segunda guerra mundial" y escribía "tercera guerra mundial". Se fue orgulloso del examen aunque preocupado por si el sueño se le mezcló con la realidad. En salir, fue comentando con sus amigos el examen y finalmente les explicó lo del sueño. Lo dijo un poco preocupado, aunque disimulándolo un poco, pero ellos no le hicieron ni caso y ni siquiera le contestaron, y cambiaron rápidamente de tema.
Les tocaba matemáticas, pero lo tenían claro: después de un examen de historia siempre va bien un cuarto de hora o más de descanso, aunque para ello les costase la vida.
Después de eso el día le fue totalmente normal, igual que los otros. En salir del instituto salió rápido i fue a casa directamente, ya que mañana tenía examen de Geografía. Llegó a casa y se encontró con toda su familia. Al parecer tenían una cena familiar y él no se acordaba. Les saludó y se fue a su habitación. Empezó a estudiar. Después de unas tres horas, los ojos ya no le aguantaban, se cerraban solos, a penas veía la letra...
“Una bomba!" pudo escuchar entre gritos y bombardeos. Se levantó rápidamente. Él y todos los que estaban en la estación de metro empezaron a correr. La edificación empezaba a caerse. Salieron a la calle. Todo era humo. No se veía nada. En mirar al cielo observaron los aviones norte-americanos que sobrevolaban Madrid y de vez en cuando una dejaba caer cuatro o cinco bombas a la vez. Empezaron a correr, aún sabiendo que era del todo imposible salir de allí. Fue entonces cuando cayó una bomba muy cerca de ellos. Muchos murieron al instante y Jorge fue herido muy gravemente. Empezó a gritar de dolor. Era un sueño? No se despertaba… Gritaba y gritaba sin consuelo. Fue entonces cuando se acordó del sueño que tuvo, donde se había olvidado por unas horas de la guerra. Le pareció patético que en el sueño le hiciese gracia lo de la tercera guerra mundial. Sonrió con rabia y lleno de dolor, con lágrimas en los ojos. Los ojos le empezaron a cerrar-se, pero esta vez para no volver-se a abrir jamás.